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¿Por qué necesitamos Parques y Reservas?
06-02-04, Por Por Raúl A. Montenegro

La fauna, la vegetación, el suelo y el clima definían en Argentina doce grandes ecosistemas terrestres. Hasta el siglo XVIII por lo menos era posible encontrarlos tal cual se los dibuja en algunos mapas fitogeográficos recientes.

Toda la provincia de Misiones y buena parte de Corrientes estaban ocupadas por el ecosistema de la selva y de los humedales Paranaenses. Hoy en cambio esa selva, que conocemos como Subtropical Oriental, apenas sobrevive en Parque Nacional Iguazú, otras áreas protegidas más pequeñas y manchones sobre tierra privada. El resto ha sido transformado en cultivos de té, mate y pinos. Lo mismo puede decirse de la

Selva Subtropical Occidental -el ecosistema de las ?Yungas?- que sucumbe en Jujuy, Salta y Tucumán ante el avance de la agricultura, las ciudades y los oleoductos. La lista continúa sobre todos y cada uno de los ecosistemas argentinos, algunos más amenazados que otros. Estos ecosistemas, que formaban parte de nuestro patrimonio nacional, bien pueden ser llamados ?naturales?. Son autóctonos, nuestros. En cada uno de ellos hay un cierto arreglo de fauna, de plantas y de suelos; con mayor o menor precisión muchos argentinos pueden distinguir claramente las diferencias que existen entre los bosques secos del ?chaco? de llanura, los hoy raros pastizales pampeanos y la estepa de la Patagonia. Pero la superficie que ocupan y su cantidad de especies vivas, es decir su diversidad biológica, disminuyen continuamente. Edward O. Wilson y Robert Mac Arthur fueron pioneros en prevenir que la reducción excesiva de la superficie y el volumen de los ecosistemas naturales hace que se transformen en verdaderas ?islas? perdedoras de especies. Actualmente se conocen 1.412.600 especies distribuídas en seis ?Reinos?: Virus, Protista, Monera, Hongos, Plantas y Animales. Existían además otras 30 a 100 millones de especies sin clasificar. Aunque las necesitamos para sobrevivir nuestros graves disturbios ecológicos las extinguen. Aplicando una fórmula que relaciona la superficie de los hábitats y el número de especies que viven en ellos, Wilson estimó la tasa de desaparición de especies para un área de selva tropical húmeda. Empleando parámetros conservadores estimó que desaparecerían 27.000 especies por año, es de

cir, 74 por día o 3 especies por hora. Es cierto que para alimentar nuestra gente y el desarrollo debemos avanzar sobre los antiguos ecosistemas naturales de Argentina estableciendo ciudades, cultivos de trigo y rutas. Pero el reemplazo y la destrucción tienen un límite. No es posible transformar todo el país en cultivos, campos ganaderos y ciudades. Sin ecosistemas naturales en buen funcionamiento Argentina entraría en otros tipos de colapso: crisis en el suministro de agua dulce, crisis en la provisión de madera, leña o plantas medicinales, y crisis en la formación de suelos. Con el fin de evitar estas crisis el desarrollo sostenible formula estrategias menos destructivas y más humanas. Para evitar lo que hoy sucede en numerosos países africanos, agobiados por la desertificación y las hambrunas, es preciso y urgente que aprendamos a convivir con los ecosistemas naturales. Si no frenamos su deterioro y reemplazo reconstruiremos en Argentina lo que hoy ya sucede en Etiopía, Sudán, Somalía y otros países del Sahel africano.

¿Cómo evitar las crisis?

¿Para qué los protegemos?

Fuente: FUNAM. Fundación para la defensa del ambiente

¿Cómo evitar las crisis?

En primer lugar, manteniendo la mayor superficie posible de cada tipo de ecosistema. En segundo lugar, creando áreas naturales protegidas que representen adecuadamente a esos ecosistemas y sus variaciones. Existe sin embargo un problema: Argentina está dividida en ?provincias? político-administrativas que no coinciden con los grandes ecosistemas nacionales. Cada provincia tiene por lo tanto uno o más ecosistemas terrestres dentro de su territorio. Conservar esa diversidad es un objetivo prioritario para las provincias, pueblos y gobiernos. Algunas, como Santiago del Estero, sólo tienen ecosistema chaqueño: otras, como Córdoba, poseen Chaco, Espinal y Pampeano. Al esfuerzo nacional de incrementar las reservas y parques es necesario agregarle el esfuerzo de cada provincia, pero por sobre todo, el de cada ciudadano. Es necesario que el desarrollo cotidiano proteja los ambientes nativos. De lo contrario sólo podremos mostrar a los niños urbanos del futuro fotografías de ?cómo eran el Chaco o la selva misionera?. Así como existen libros rojos que listan las especies animales o de plantas en extinción, Argentina también tiene su libro rojo de los ecosistemas amenazados. Ellos son, por ejemplo, la Selva Paranaense en Misiones, la Selva de las Yungas, el Espinal, y dentro del Chaco serrano

, sus bosquecillos de altura. También el ecosistema Pampeano. Los pastizales naturales de la provincia de Buenos Aires son casi tan raros como los algarrobales del Espinal de la provincia de Córdoba. Muchos olvidan que la agricultura del centro del país prospera gracias a suelos construídos durante milenios por bosques y pastizales nativos. La expansión de las fronteras agropecuarias y urbanas, y la pérdida de suelos cultivados por erosión y salinización continúan a un ritmo exponencial. Entre 1940 y 1986 las variadas estadísticas públicas y privadas muestran que la superficie boscosa disminuyó en Argentina a un promedio de 1 millón de hectáreas por año. Si esta tasa de destrucción se mantuviese, Argentina perdería su patrimonio forestal sin protección hacia el año 2024. Pero no sólo desaparecen ecosistemas naturales que funcionaban bien. Ya en 1967 se estimaba que de un total de 41 millones de hectáreas de tierras áridas y semiáridas en Argentina, cerca del 40 % estaba afectado por erosión eólica. Si a ello le agregamos la creciente erosión hídrica, que solamente al norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe afecta más del 36 % de su superficie agrícolo ganadera, y la salinización de tierras bajo regadío, el cuadro se complica. No queda por lo tanto mucho tiempo para lamentos y estudios detallados. Necesitamos decisiones urgentes. La respuesta inmediata en cada provincia es priorizar no solamente la conservación de ecosistemas naturales, sino también el uso sustentable de los ambientes bajo explotación.En esta estrategia, los parques y reservas son fundamentales. Con ellos conservamos trozos de naturaleza en evolución. Cuanto mayor sea su superficie, menor será su pérdida de especies y de capacidad para automantenerse.

¿Para qué los protegemos?

Existen siete razones fundamentales:

1) Porque el ser humano necesita de ciertas organizaciones ecológicas para mantenerse en el planeta a largo plazo. Nuestra vida tal cual la conocemos sería imposible en un mundo totalmente cubierto de ciudades, monocultivos y basurales. Necesitamos que la naturaleza siga funcionando con la máxima cantidad de ambientes y especies para evitar crisis en el suministro de oxígeno, agua, alimentos, combustibles, fibras, paisajes y estabilidad climática.

2) Porque la mayoría de los seres humanos ignora consciente o inconscientemente esta realidad. Mientras grandes empresas fomentan el reemplazo de ecosistemas naturales por cultivos industriales, tan lucrativos como efímeros, los pobres del mundo deben degradar su ambiente para no morir. Tanto el desenfreno consumista de las minorías como la justificada desesperación de las mayorías humanas provocan entonces, en un marco de terribles injusticias sociales, la desaparición de ecosistemas y especies.

3) Porque esta destrucción se generaliza mucho más rápidamente que la puesta en marcha de sociedades justas y criterios conservacionistas. No queda tiempo en la mayoría de los ecosistemas para largos estudios precisos. Es urgente proteger con vigor e inventiva todo ambiente factible de ser protegido.

4) Porque muchos ecosistemas son el albergue natural de grupos indígenas y de reservas extractivas. Y el hombre también necesita ser protegido.

5) Porque la sociedad necesita de los parques para aprender a leer el ambiente y para aprender a leerse a sí misma.

6) Porque conservan las plantas medicinales desconocidas, especies animales potencialmente aptas para la reproducción en cautiverio y distintos tipos de información genética útil para el ser humano.

7) Porque los parques y reservas nos recuerdan un ayer que tiene que seguir existiendo para nuestros descendientes.

Actualmente existen en Argentina, 30 áreas naturales protegidas por la Administración de Parques Nacionales (APN) y 216 áreas de jurisdicción nacional (no APN), provincial, municipal y privada.En la provincia de Córdoba existen un parque Nacional (El Cóndor), 10 áreas naturales protegidas de jurisdicción provincial (Cerro Colorado, Chancaní, La Quebrada, Laguna La Felipa, Mar Chiquita, El Potrerillo, Las Tunas, Las Tunitas, Monte de las Barrancas y Suquía), una municipal (Parque Tan), dos privadas (La Aguadita, Los Dos Hermanas) y una reserva de la Universidad Nacional de Córdoba (Vaquería). En total, son 15 áreas naturales con distinto grado de protección

Bibliografía
De Zorzi, D. L y A. I. Malvarez. 1987. Procesos de deterioro en los ecosistemas. En: La situación Ambiental en la Argentina en la década de 1970, J. Hardoy E. -Suárez (Comp.), Editorial CEUR, Buenos Aires, pp.65-79
Montenegro, R. A. 1985. ?¿ Por qué necesitamos áreas naturales protegidas??. Pág. De Ecología, Diario La Voz del Interior, 25 de agosto, Córdoba, pp.10. También: (1987). La deforestación en la República Argentina. Editorial WRI/ANCON/CEMA, Panamá, 5 p. y (1994) Introducción a la ecología urbana. Editorial Centro Inv. Amb, Universidad Nacional Mar del Plata, 139 p. Wilson, E. O. 1992. The diversity of life. Norton Editorial, New York, 424 p.


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